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martes, 25 de diciembre de 2012

Predispone maltrato infantil a desarrollar adicciones durante edad adulta


maltratoLas personas que en su infancia sufrieron de violencia física, son 6.1% más propensos a desarrollar una adicción en la vida adulta, de acuerdo con el estudio “Asociación entre el maltrato y sobreprotección infantil en adultos con adicciones en el Centro de Higiene Mental Dr. Nava Muñoz’”, realizado por Araceli Cárdenas González, primera egresada y titulada de la Especialidad de Medicina Familiar de la Universidad de Sonora.
Los resultados de este proyecto, señaló Cárdenas González, brindan un nuevo elemento para la prevención, tratamiento y mayor conocimiento de las adicciones, ya sea a drogas ilícitas, tabaco o alcohol.
Explicó que de noviembre de 2011 a junio de 2012 aplicó 3 tipos de cuestionarios a los 122 voluntarios que participaron en esta investigación, de los cuales 60 eran pacientes del citado centro de salud mental, y 62 más que conformaron el grupo control, a fin de conocer los tipos de adicciones que tenían y las condiciones adversas habían sufrido en la infancia.
Con base en la información recabada, “es posible concluir que existe 6.1% más probabilidades de desarrollar una adicción si se recibe maltrato física en la infancia”, reveló. 
Del total de participantes en el estudio, el 46% refiere haber sufrido algún tipo de maltrato, mientras que de las 60 personas que conformaron el grupo de pacientes, el 98% fue víctima de maltrato durante la niñez, indicó.

Sin embargo, hay un porcentaje de voluntarios que a pesar de haber recibido algún tipo de agravio en su vida infantil, no tiene ningún tipo de adicción, y encontramos que esto se debe a que tuvieron algún tipo de apoyo, ya sea familiar, de amigos o por parte de las instituciones de salud, añadió.
Toda esta información puede ayudar a concientizar a los padres de familia de que el tipo de crianza basado en la violencia puede llevar a los hijos a las adicciones, sin importar si es a drogas lícitas o ilícitas, y a los médicos nos permitirá tratar mejor a estas personas, pero sobre todo enfocarnos en la prevención, dijo.

sábado, 27 de agosto de 2011

Abuso infantil causa depresión persistente

Abuso infantil causa depresión persistente
De acuerdo con un estudio inglés, los niños que son abusados, desarrollan depresión persistente a lo largo de sus vidas

SUMEDICO.México D.F. a 22 de agosto de 2011
El abuso infantil está presente en todos los países, incluso en aquellos desarrollados como Inglaterra
Este tipo de comportamientos insanos para los niños pueden desencadenar enfermedades mentales a largo plazo, como la depresión persistente.
De acuerdo con un estudio publicado en American Journal of Psychiatry, indica que las personas que desarrollan depresión por este motivo son menos susceptibles de que los tratamientos tengan efectos positivos en ellos.
Según  el estudio realizado por investigadores del Institute of Psychiatry en Kings College, en Londres, 1 de cada 20 personas en este país presentan esta forma de depresión a causa de haber sufrido abuso infantil, mientras que la depresión en general afecta a 1 de cada 5 personas inglesas.

La tasa es sumamente alta y de acuerdo con Marjorie Wallace, directora de Sane, una institución que ve este tipo de casos, dice que  este tipo de depresión también puede desarrollarse por múltiple causas:
a.- 64% de personas no fueron maltratadas; de éstas 12,5% desarrolló depresión persistente
b.- 27% fueron "probablemente" maltratadas; de éstas 19,4% desarrolló depresión persistente
c.- 9% fueron "definitivamente" maltratadas; de éstas 31,5% desarrolló depresión persistente

Al respecto el doctor Rudolf Uher,  uno de los investigadores, indicó que si desde edades muy tempranas empieza  desarrollarse depresión por cualquier causa se arraiga mucho más en la vida emocional de las personas.
La media en Reino Unido para desarrollar depresión persistente es a los 33 años, y de ellos una cuarta parte fue maltratada durante su niñez
De acuerdo con la Wallace, esto ocurre porque cuando un niño es maltratado  se ven alterados:
1.- el funcionamiento cerebral,
2.- el sistema inmune y
3.- algunas glándulas hormonales, es decir no ataca únicamente la parte de las emociones o el estado de ánimo sino que desencadena toda una respuesta física, llamada  cambios epigenéticos en el ADN.

Al tiempo que no hay cambio en el código genético, el medio ambiente puede alterar la forma en que se expresan los genes.
Y a pesar del panorama, la directora indica que esta investigación puede ayudar a indicar la ruta para nuevas formas terapéuticas y preventivas. (Con información de BBC)

sábado, 6 de agosto de 2011

La ciencia analiza cómo responde el cerebro ante el abuso infantil

http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/sociedad/la-ciencia-analiza-como-responde-cerebro-ante-abuso-infantil_691279.html
EFECTOS BIOLÓGICOS DEL MALTRATO DURANTE LA NIÑEZ.                                        La ciencia analiza cómo responde el cerebro ante el abuso infantil. Investigadores de la Universidad de Barcelona estudian variantes genéticas en 500 víctimas españolas.                                                                                                                                                                     Un 40% de la población afectada es especialmente vulnerable a sufrir síntomas psicóticos en la.....
MICHELE CATANZARO - 01/08/2011
Que sufrir abusos en la infancia produce infelicidad no es ninguna novedad.
Sin embargo, la cadena de procesos biológicos que llevan de la experiencia de violencia a los trastornos psiquiátricos asociados no es fácil de desentrañar.
En los últimos años, los científicos han ensamblado algunas de las numerosas piezas de este puzle.
"Que el maltrato afecte al cerebro es algo reconocido. Lo difícil es entender los mecanismos biológicos implicados", explica Lourdes Fañanás, investigadora de la Universidad de Barcelona (UB) y de la red de investigación Cibersam.

Fañanás coordinó un análisis genético de 533 españoles adultos que sufrieron abandono o violencia en la infancia, cuyos resultados se han publicado en la revista British Journal of Psychiatry.
Al trabajo han contribuido, entre otros, Sílvia Alemany y Bárbara Arias, también de la UB.


VULNERABILIDAD
El trabajo refuerza evidencias ya apuntadas por estudios anteriores, y detalla que aproximadamente un 40% de la población tiene variantes de un gen que los hace especialmente vulnerables a sufrir síntomas psicóticos en la edad adulta, si han sufrido adversidad infantiles.
Este resultado se añade a un conjunto de trabajos que están echando un poco de luz sobre las marcas biológicas dejadas por la violencia tempranas.
"Se ven cambios en las células, especialmente en las neuronas, de los niños y niñas que sufren violencia, pero desconocemos cómo se producen", dice Manel Esteller, del Instituto de Investigaciones Biomédicas de Bellvitge (Idibell).

"Desde el punto de vista evolutivo, el cerebro infantil está diseñado para recibir buenos cuidados paternos, no violencia", afirma Fañanás.
Es probable que el maltrato disminuya el umbral de estrés del cerebro.
"Se modifican algunos receptores neuronales en el hipocampo, se reduce la conectividad y cambia la producción de ciertas proteínas", explica.

El trabajo de Fañanás se concentra en los síntomas psicóticos atenuados derivados de los abusos.
La investigadora explica un ejemplo típico de este trastorno: subirse a un taxi y tener la sensación de que el conductor mira constantemente por el retrovisor de manera amenazadora, cuando realmente no es así.
El equipo de Fañanás ha detectado que la presencia de algunas variantes de un gen incrementa el riesgo de padecer esos síntomas, si el paciente ha sufrido abusos en la infancia.

Estas variantes no son unas mutaciones raras, sino un aspecto normal de la variabilidad genética, que afecta al 40% de la población.
El gen en cuestión es el responsable de la síntesis del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), una proteína relacionada con la supervivencia de neuronas en respuesta al estrés. Las variantes que implican una menor secreción de BDNF están asociadas a más vulnerabilidad al estrés.


LA CAUSA ES EL MALTRATO
Esto no quiere decir que todos los que tengan esas variantes vayan a tener trastornos, ni tampoco que todos los que padecen esos trastornos hayan sufrido abusos de niños.
"No hay que confundirse: el elemento de riesgo es el maltrato", apunta Fañanás.
Las características genéticas pueden modular sus consecuencias "pero también hay factores psicosociales, que pueden ser protectores", concluye

Las experiencias adversas tempranas pueden modelar las conductas y el estilo de vida de las personas

http://www.publico.es/390312/ligan-adversidades-en-ninez-con-riesgo-de-enfermedad-en-adultez

Ligan adversidades en niñez con riesgo de enfermedad en adultez

Reuters 05/08/2011 .Por Amy Norton
Los niños víctimas de abusos, que perdieron a uno de sus padres o que sufrieron otras adversidades podrían desarrollar enfermedades crónicas en la edad adulta, según un estudio sobre más de 18.000 adultos de 10 países.
Entre los posibles problemas de salud a desarrollar se encuentran la enfermedad cardíaca, la artritis, el asma, la diabetes, el dolor de espalda crónico o las cefaleas.
El patrón se repitió en quienes habían sufrido depresión, ansiedad o trastornos mentales antes de los 21 años.

Los resultados, publicados en Archives of General Psychiatry, no prueban que el estrés grave en la niñez cause problemas de salud más adelante.
Pero hay varios motivos por los que ambos estarían asociados, según la autora principal, Kate M. Scott, psicóloga y profesora asociada de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda.
"Las experiencias adversas tempranas pueden modelar las conductas y el estilo de vida de las personas", dijo Scott. Por ejemplo, pueden empezar a fumar, beber o comer en exceso.

La autora explicó también que los jóvenes con depresión u otros trastornos mentales aprenderían a utilizar el tabaquismo o el consumo de alcohol como una forma de "automedicación".
Pero es posible también que el estrés prolongado y grave en los primeros años de vida tenga efectos biológicos más directos, agregó Scott.
En épocas de estrés, el cuerpo libera hormonas como la adrenalina y el cortisol.

Eso está bien si es durante poco tiempo. "Pero cuando el estrés se instala, como ocurre con el maltrato infantil, las respuestas hormonales permanentemente altas tienen consecuencias en la salud", dijo Scott.
Los resultados surgen de entrevistas con 18.300 adultos de 10 países, incluidos Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Japón y México.
Los participantes que habían experimentado por lo menos 3 adversidades en la niñez tenían riesgo de tener los 6 problemas de salud evaluados en el estudio.
Corrían el doble de riesgo de tener enfermedad cardíaca que los hombres y mujeres sin esas experiencias.

El equipo obtuvo resultados similares en los adultos que habían tenido trastornos mentales antes de los 21 años, especialmente depresión, estrés postraumático o pánico.
El riesgo de desarrollar enfermedad cardíaca, asma, artritis y dolor de espalda o cefaleas crónicas era entre un 43 - 66 % más alto que en los adultos sin esos trastornos tempranos.
El estudio tiene sus limitaciones, como la confianza en los recuerdos que tenían los participantes y su información sobre las enfermedades.

Además, sólo analizó los riesgos relativos en un grupo grande de personas, es decir, comparaciones, en lugar de la cantidad que había tenido una enfermedad determinada.
De modo que los resultados no prueban que una persona que sufrió abuso o depresión en la niñez esté destinada a desarrollar cardiopatías.
Scott aclaró que el aumento del riesgo de desarrollar enfermedades sería leve.
Pero aclaró que en una sociedad, eso se podría traducir en un impacto enorme, ya que estas enfermedades mentales y físicas son muy comunes.
"Por lo menos 2/3 de la mayoría de la población desarrollará al menos 1 de esas enfermedades crónicas en algún momento de la vida y una cantidad similar sufrirá un trastorno mental", señaló Scott.



FUENTE: Archives of General Psychiatry, agosto del 2011

martes, 22 de marzo de 2011

El reconocimiento de la depresión infantil como un fenómeno clínico

http://www.cronicadelquindio.com/noticia-noticia_opinion-seccion-opinion-titulo-maltrato_y_depresion_en_los_ninos___algo_nuevo_-op-3344.htm

Maltrato y depresión en los niños, ¿algo nuevo?

Autor: Gustavo Román Rodríguez M.D. Quindío, Martes, 22 Mar,2011 
La depresión está alcanzando proporciones casi epidémicas y se propaga con mayor rapidez entre la gente joven.
El reconocimiento de la depresión infantil como un fenómeno clínico de nuestro tiempo se podría atribuir al creciente conocimiento de la infancia y del potencial psicológico del niño para percibir, pensar y sentir; y a los cambios recientes en la condición humana del niño que se reflejan en los métodos de crianza, en las actitudes de los padres y en el peso que ejerce la depresión de los adultos sobre la órbita inmediata del niño.

Los estudiosos se preguntan si la depresión infantil es:

a.- algo que se encuentra desde tiempo atrás entre nosotros y de lo cual hemos tomado conciencia de repente,
b.- o si se trata de algo nuevo y perturbador que se ha introducido en la situación humana.
El hecho de que a la infancia se le haya concedido un lugar en la existencia durante largo tiempo, no presupone que haya tenido siempre la categoría de la más importante fase del desarrollo humano que se le reconoce en nuestros días.
Realmente cuanto más atrás nos remontamos en la historia, más bajo es el nivel de atención que recibía el niño, y aumentaba la probabilidad de que se le matara, golpeara, aterrorizara o sometiera a abusos sexuales.
El asesinato y el abandono de los niños prevalecieron a lo largo de la antigüedad hasta el siglo IV, y aún en el XIV muchos padres ponían a sus hijos al cuidado de niñeras no para que los amamantaran, sino para ocultarlos, para que los abandonaran a la intemperie o para que los vendieran como esclavos.

Durante la Edad Media, no hubo al parecer lugar para los niños.

En la práctica el niño no era una persona.
Se le definía como alguien que todavía no era un adulto y cuya única importancia residía en la probabilidad, bastante incierta por las elevadas tasas de mortalidad infantil, de llegar a convertirse en adulto.
Después del Renacimiento las clases superiores tendían a considerar al niño como un juguete cuya ingenuidad y gracia eran una fuente de diversión para los adultos.

Durante el siglo XIX siguió la tónica de golpear a los niños y de abusar salvajemente de ellos, hasta que finalmente los gobiernos europeos intentaron por vez primera legislar sobre el infanticidio y el maltrato infantil.

Las cosas empezaron a cambiar de una manera radical con la aparición de Rousseau gracias a su tenaz insistencia en que debía considerarse al niño como tal y no como un adulto en miniatura.
Desde entonces se iniciaron los estudios acerca del comportamiento infantil, y del impacto emocional que generan el abandono y el maltrato.
Mucho se ha avanzado, y sin embargo existe una creciente resistencia entre los adultos jóvenes de nuestra sociedad a comprometerse con la crianza y educación de los hijos, y, además, las cifras de maltrato infantil no ceden.

Tal vez sea especulativo que ésta sea la evolución histórica del fenómeno depresivo, pero todas las proposiciones que ubican la depresión infantil en los diversos eventos de su desarrollo, la influencia del entorno familiar, las relaciones con los padres especialmente durante el proceso educativo, y la calidad de los afectos recibidos, pueden ayudarnos a explicar la presencia de este trastorno que crece cada día más dentro de la población infantil.

lunes, 10 de enero de 2011

El Gobierno insta a los jueces a no esgrimir una patología inexistente: el SAP

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Gobierno/insta/jueces/esgrimir/patologia/inexistente/elpepisoc/20110110elpepisoc_3/Tes

El Gobierno insta a los jueces a no esgrimir una patología inexistente

Un informe concluye que el llamado Síndrome de Alienación Parental, usado supuestamente por madres para lograr la custodia, carece de validez científica

JOAQUINA PRADES - Madrid - 10/01/2011
Nuevo (y severo) toque de atención del Gobierno a los jueces, fiscales y peritos judiciales que siguen empleado el llamado Síndrome de Alienación Parental (SAP) en vistas y sentencias. "Perversión jurídica", "montaje", "cúmulo de despropósitos" o "fraude de ley" de "peligrosas consecuencias para la mujer y la infancia" son algunas de las recomendaciones que se van a hacer llegar a los juzgados, fiscalías, colegios de abogados, psicólogos, médicos y organizaciones de asistentes sociales.
Es decir, a todos aquellos profesionales que intervienen cuando una pareja está inmersa en un proceso de divorcio y uno de los cónyuges -en el 89% de los casos el hombre, según datos de un exhaustivo informe oficial elaborado por el Observatorio de Violencia Doméstica y de Género- acusa al otro de manipular al menor para que sienta aversión hacia él.
Neuropediatras y psicólogos defienden tesis contrapuestas.
Lorente asegura que el falso argumento ha tenido un efecto devastador.
El informe insiste en que ni la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos, ni la Asociación Española de Neuropsiquiatría ni la Organización Mundial de la Salud conceden validez científica al SAP o lo consideran un trastorno verificado por la comunidad científica.
El Síndrome de Alienación Parental -hasta los años 90 se denominaba Síndrome de la Mujer Maliciosa- es un término acuñado por Richard Gardner, un psiquiatra militar norteamericano que en la década de los 80 lo definió como trastorno mental invalidante para ocuparse de los hijos.
Es, según él, "una campaña de denigración injustificada contra un progenitor alienado", para que el menor rechace vivir con él o acudir a las visitas.

Se aplica sobre todo en algunos estados estadounidenses, Argentina y España.
La Asociación de Psicólogos de estos 2 últimos países avalan el SAP, la comunidad médica no lo rechaza -el Colegio de Médicos entiende que es una decisión que corresponde a cada profesional- y otro tanto ocurre con el Colegio de Abogados.
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos lo ha tenido en cuenta en las alegaciones de algunos procesos revisados.
En este contexto variopinto, algunos jueces lo aplican a rajatabla.
Y eso es, sobre todo, lo que preocupa al Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad y al Observatorio.

La polémica, 7 años después de la primera sentencia española que tomaba en consideración el SAP, continúa.
El pronunciamiento oficial sobre este supuesto síndrome constituye una vieja reivindicación de las asociaciones de mujeres, que reprochaban a la ex ministra de Igualdad, Bibiana Aído, el silencio del Gobierno.
Ahora como secretaria de Estado, y con Leire Pajín como ministra, el Ejecutivo asume su inexistencia y tiene previsto hacer público el informe en los próximos días.
Los jueces de sesgo machista, que en palabras del delegado del Gobierno contra la Violencia de Género, Miguel Lorente, son "pocos pero ruidosos" figuran como objetivo principal del informe.

En él se parte de la base de que "las creencias de género están presentes en nuestros tribunales" y advierte:
"En el ámbito judicial este presunto síndrome ha provocado un efecto devastador en muchos menores y en sus madres al considerar a los niños y niñas como mentirosos y a las madres como enfermas mentales", al tiempo que alerta de que, bajo el disfraz de palabras distintas, dado el descrédito creciente del SAP como tal, se sigue empleando en los juzgados. Es la gran anomalía que intentamos corregir, concluye Lorente.

La fiscal de la Sala Delegada contra la Violencia de Género, Soledad Cazorla, ya advirtió en 2007 a los fiscales que reflexionaran antes de considerar el SAP, y el Consejo General del Poder Judicial, a través de Paloma Marín, recordó 1 año después la potestad de los jueces de no asumir "de forma acrítica" los informes de los peritos y citó expresamente aquellos que daban validez científica al SAP: las comunidades de Madrid, Asturias y Murcia y ciudades como Barcelona, Málaga, Valencia, Pontevedra y Sevilla, entre otras.

Ana María Pérez del Campo, presidenta de la Asociación de Mujeres Separadas y activa coordinadora del informe, "siempre confían en el SAP los mismos jueces, y los abogados de los litigantes lo saben. Siempre ratifican las mismas audiencias provinciales", y cita a algunas del Sur.
Añade: "Con este informe esperamos acabar con semejante barbaridad".
Pérez del Campo destaca entre todas las sentencias analizadas en el informe una de Cataluña de 2009, en la que se aportaron 8 informes, 7 contra el síndrome y 1 acusando a la madre de trastornada manipuladora.
El tribunal hizo caso de este último y desechó los otros para quitarle la custodia de los hijos y otorgársela al padre.

Numerosas asociaciones de padres separados y la mayoría de las que reivindican la custodia compartida de los hijos más pequeños creen que el SAP es una triste realidad, independientemente de cómo se denomine.

"He pasado el maltratador a mis hijos"

La presidenta de la Asociación de Mujeres Separadas, con varias décadas de profesión defendiendo a mujeres, asegura que cuando una mujer alega maltrato en un litigio de divorcio, el hombre contraataca en muchas ocasiones denunciándola a ella por haber manipulado a los hijos. El juez le da la razón y la mujer pierde a su familia.
El síndrome de alienación parental (SAP), en estos casos, origina uno de los lamentos más frecuentes que Pérez del Campo escucha en su bufete*:
"Yo me he quitado de encima al maltratador, pero se lo he pasado a mis hijos. Tal vez si hubiese aguantado los malos tratos, los niños no vivirían ahora con un psicópata".

¿Qué ocurre cuando una mujer malmete contra el padre, se llame como se llame esta conducta?
Miguel Lorente responde:
"Claro que ese tipo de mujer existe, al igual que el hombre que fomenta la aversión a la madre. Pero si el vínculo con los hijos es sano a la vez es muy intenso, y por mucho lavado de cerebro que se alegue, el vínculo no se rompe".
Cuando un niño rechaza a alguno de sus progenitores es porque sabe, porque lo ha padecido él o el adulto, que es violento y agresivo. En esta idea coinciden ambos expertos.

Uno de los comportamientos habituales de los profesionales que intervienen ante acusaciones de SAP es negar toda credibilidad al relato de los niños, especialmente si son menores de 8 años.
"En los informes periciales", denuncia la jurista Paloma Marín en el informe, "se minimiza la angustia y el miedo de los menores".
"Estos informes", prosigue, "parten de una observación de los menores de apenas 20 minutos o media hora y en ocasiones incluso se han llegado a redactar informes privados diagnosticando supuesto SAP sin haber visto al menor o a la madre".

Esto último es lo que le ocurrió a una madrileña de 40 años que no quiere que se publique su nombre, a la que el juzgado nº 1 de Madrid le aplicó el criterio SAP en mayo de 2009 y concedió la custodia del hijo de 6 años al padre, denunciado previamente por ella como maltratador y abusador sexual del menor.
El hombre, profesor en un instituto de secundaria de Madrid, fue absuelto de un delito de violación previo a su matrimonio y de abusos sexuales después. La mujer dice con rotundidad que ha perdido la confianza en la justicia, y ha impulsado una web (Madre Rea) para mujeres y menores víctimas del SAP.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Efectos del maltrato infantil en España

El maltrato infantil en España, efectos

http://www.noticiasdegipuzkoa.com/ediciones/2009/02/01/sociedad/gipuzkoa/d01gip8.1403786.php
El maltrato infantil es 17 veces más habitual en familias monoparentales.La ausencia de la madre incide en la autoestima familiar, y la del padre afecta más en el colegio.
Donostia. En ausencia de maltrato u otro tipo de abusos, lo mejor para el menor es que tenga un contacto equilibrado con su padre y su madre, según diversos estudios científicos realizados desde los años 80 hasta la actualidad.
Así, el Centro Reina Sofía efectuó un estudio para el INE (Instituto Nacional de Estadística) en el que se afirmaba que el maltrato infantil es 17 veces más frecuente en familias monoparentales y 4,6 veces más habitual en familias reconstituidas.El estudio aseguraba que el maltrato a niños en 2001 provenía:
1.- de las madres en un 52,2% de los casos, y
2.- de los padres en un 35,8% de las ocasiones.

Por otro lado, según el profesor del Family Therapy Institute de Washington D.C. Ricardo Chouhy, el padre y la madre juegan papeles diferentes, aunque ambos necesarios, en el desarrollo psicológico de los menores.
A juicio del experto, la ausencia de la madre incide negativamente en la autoestima familiar del menor, mientras que la del padre perjudica a la autoestima del niño en el ámbito escolar, y por tanto puede derivar con más frecuencia en episodios de violencia en el colegio.

En el caso de ausencia de la figura materna, esta relación es menos directa, pues el niño se siente infravalorado más en relación con los estudios que con la propia escuela.
Sin embargo, al final éste también es un factor que incide en la violencia en las aulas, que existe desde siempre, pero cada vez es más visible.

Chouhy afirma, además, que en Estados Unidos "el 70% de los delincuentes juveniles, de los homicidas menores de 20 años y de los individuos arrestados por violación crecieron sin padre".

Por su parte, la Plataforma por la Custodia Compartida asegura, citando al Department of Health and Human Services, Administration for Children and Family, National Center on Child Abuse and Neglect, que la ausencia del padre genera un buen número de carencias en el menor.
Según esta organización gubernamental estadounidense, los niños que crecen sin padre son:
1.- 5 veces más propensos a cometer suicidio,
2.- 32 veces más tendentes a irse de casa,
3.- 14 veces más dados a cometer actos de precocidad y abuso sexual, y
4.- 20 veces más propensos a acabar en prisión.

Los niños las victimas olvidadas de la violencia doméstica

Los niños las victimas olvidadas de la violencia doméstica

http://caobac.blogspot.com/2009/11/ninos-las-victimas-olvidadas-de-la.html
NIÑOS, LAS VÍCTIMAS OLVIDADAS DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO.
Niños, las víctimas olvidadas de la violencia de género.
Un niño de 2 años llamaba a su madre "puta" porque creía que se llamaba así, su padre lo hacía.

Este es uno de los testimonios más duros de los que incluye el informe
Atención a los niños y niñas víctimas de la violencia de género publicado esta semana por la ONG Save the Children.

El informe versa sobre los efectos de la violencia doméstica en los menores incluso cuando no son los directos destinatarios de ella, una circunstancia abordada sólo de forma parcial por la legislación y los mecanismos de protección y asistencia.
La condición de maltrato infantil sólo se suele reconocer cuando el menor ha sido receptor directo de abusos.
Se pasa por alto el impacto que tiene en los hijos el ser testigos de una situación de violencia doméstica en el seno de la familia, y las secuelas permanentes que deja.
"Ven y sufren a una madre maltratada, en vez de protectora. Ven y sufren a un padre maltratador, en vez de protector".

Save the Children enumera los siguientes trastornos:
Problemas de socialización: aislamiento, inseguridad, agresividad;
Problemas de integración en la escuela y de concentración; Síntomas de estrés postraumático como insomnio, pesadillas, fobias...;
Conductas regresivas;
Síntomas depresivos;
Alteraciones del desarrollo afectivo e interiorización de modelos violentos;
Parentalización de los niños, asumiendo roles que no corresponden a su edad;
y en algunos casos la misma muerte.

Uno de estos casos extremos, dramáticos puntos negros en la estadística anual, es la muerte de una niña de 3 años en Santa Cruz de Tenerife tras presuntamente sufrir lesiones y quemaduras a manos del novio de su madre, ahora bajo custodia policial.
(Actualización 30/11/09: La causa de muerte violenta ha sido finalmente descartada en este caso.
La investigación concluye que la niña murió por un accidente y el adulto está libre de cargos).

Pero es más difícil que se asuma que el crecer en un ambiente de violencia es una agresión hacia el niño de por sí.
El hecho de ver cómo su papá está agrediendo a su mamá es un menoscabo psíquico para los niños y niñas que está regulado perfectamente en el 153 del Código Penal (Profesional del ámbito policial)
Según Save the Children,
800.000 niños sufren esta situación en España.

Falta de concienciación institucional
Los niños y las niñas son percibidos como parte del problema de la mujer víctima de violencia de género.
No existe una verdadera concepción de los niños y niñas como vícitimas individualizadas e independientes de sus madres, ni reciben la atención necesaria como tales.

Una de las mujeres entrevistadas describe cómo el hecho de denunciar a su marido por malos tratos supuso para su hijo recibir por parte de la policía prácticamente el mismo trato que el detenido.
Tras la denuncia, fue acompañada a un centro sanitario en tanto su hijo era trasladado en un vehículo policial junto con su padre, recibiendo el niño un contínuo aleccionamiento de un padre detenido y esposado sobre los motivos de su conducta; pasando con él a los calabozos de la comisaría, donde vió como el padre se quitaba sus cosas, incluídos su cinturón y cordones de los zapatos y se quedaba retenido allí; y siendo trasladado finalmente el niño, nuevamente en el vehículo policial y ya solo, a un centro de protección a la infancia que no tenía aviso de la situación.

La separación no pone fin al maltrato
Aunque se establezca la separación de los cónyuges como mecanismo para poner fin al maltrato doméstico, el hecho de que un juez imponga la custodia compartida puede significar que la violencia en su vertiente psíquica continúe con los propios niños como mediadores.
El padre sigue maltratando a la madre a través de los hijos e hijas y a la vez maltrata a los hijos e hijas con esta manipulación.
Les dan información que no tendrían que tene, y el modelo de descontrol y agresión siguen viéndolo". (Programa de atención a niños y niñas)

El principal problema que detecta Save the Children es la falta de sensibilización no sólo en las instituciones sino también en la sociedad española, que tiende a ignorar las condiciones de abuso hasta que no corre la sangre.
E incluso entonces existe la reticencia a meterse "en cómo los demás educan a sus hijos", reforzada por los protocolos de intervención inadecuados para niños en esta circunstancias.

Se habla del daño que pueden hacer las películas violentas al menor, pero a tener un padre violento en casa no se le da la misma importancia

Los niños víctimas de la ley de Igualdad

Los niños víctimas de la ley de Igualdad

http://www.larazon.es/noticia/4461-victimas-invisibles-de-la-ley-de-igualdad
Víctimas invisibles de la Ley de Igualdad.
Los pediatras critican que el Ministerio destine la mayor parte de sus fondos a luchar contra la violencia de género y deje en un 2º plano la protección de los menores.

MADRID.29 Abril 2010 -
Los menores son el colectivo más indefenso de nuestra sociedad por sus propias características y necesitan protección por parte de todos: padres, educadores, profesionales médicos sanitarios.
Uno de los problemas más preocupantes de los últimos años es el maltrato infantil.

Según varios estudios elaborados por las propias comunidades autónomas, el nº de menores maltratados puede oscilar entre el 15 y el 18,5 %, lo que, según datos del INE, puede significar una cifra entre los 1,2 y los 1,5 millones de afectados.

Sin embargo, según los especialistas en infancia, parece que el Gobierno tiene otras prioridades.
Por ello, un grupo de 27 pediatras ha dado un paso adelante y ha elaborado el manual «El pediatra y el maltrato infantil», que será repartido a 700 profesionales de toda España (el 10 % del total de profesionales de atención primaria) en los 30 cursos de formación que se impartirán entre los meses de mayo y octubre.

Jordi Pou, jefe de los Servicios de Pediatría y Urgencias del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona y coordinador de los cursos, explicó que los estudiantes de Medicina y Pediatría aprenden poco de este problema de salud infantil: estamos ante una «patología emergente que tiene poca formación en la carrera médica».

Para José Antonio Díaz Huertas, presidente de la Sociedad de Pediatría Social, «hay cierta invisibilidad del maltrato infantil» porque «parece que sólo importa la violencia sobre la mujer, no la ejercida sobre menores, ancianos o discapacitados».
«La Ley de Igualdad dedica casi todos sus fondos a la lucha contra la violencia de género y eso está haciendo mucho daño a los niños», concluyó.
De hecho, de los 5 millones repartidos esta semana, sólo 1,5 iban destinados a los niños.

Para Carles Luaces, de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría, una de las medidas más urgentes es la forma de elaborar los informes de Urgencias en los casos de malos tratos, para que «cuando se inicie el proceso judicial no queden dudas y no interprete otra cosa».
«Puede pasar que después de que se detecte un problema de salud de este tipo y notificarlo, el juez decida que no es delito. Esto no significa que no haya habido maltrato, sino que no se ha cometido ningún delito», explicó Pou.

Desapercibidos.
Otro de los retos a largo plazo para los pediatras es la creación de un registro unificado de casos de maltrato infantil a nivel nacional.
Madrid lo puso en marcha en 1999 y otras comunidades como Cataluña, Murcia, La Rioja o Ceuta han seguido su ejemplo.
«Queda mucho por hacer pero si no se sabe cuál es la realidad del problema no se pueden poner soluciones», dijo Luaces.

En este sentido, Díaz Huertas recordó que en la actualidad hay más de 30.000 menores en guarda o tutela de los gobiernos regionales y que, «por cada caso detectado, hay 6 o 7 que pasan desapercibidos».
Además, «la falta de un registro en todas las autonomías hace que si un menor ha sido maltratado en Madrid y luego se muda a otra comunidad no hay manera de saber que ya había antecedentes de este tipo», lamentó.

En opinión de Jordi Pou, tenemos que luchar para que este problema de salud «no pase desapercibido. Hay que lograr un diagnóstico aunque no aparezca toda la sintomatología».
«Hay una serie de síntomas que pueden corresponder a un maltrato pero también a muchas otras enfermedades, y lo importante es que cuando el pediatra se encuentra delante del problema, en su listado de posibles diagnósticos ponga también el maltrato».

Guía práctica
El coordinador de los cursos advirtió que el libro «El pediatra y el maltrato infantil» pretende ser una guía para que el profesional pueda tener las herramientas necesarias para detectar el problema.
Además, servirá de apoyo en los cursos, que se dividirán en cuatro bloques:
**** 2 que abordarán el maltrato y el abuso sexual desde el punto de vista teórico y otros
**** 2 con casos prácticos inspirados en hechos reales.

Asimismo, Pou indicó que hay que mejorar muchas cosas y la mayoría de ellas pasan por la puesta en marcha de una política común en todas las comunidades autónomas o que parta directamente del Gobierno.
Así, recordó, los protocolos de actuación varían mucho de una regiones a otras y las posibilidades de protección dependen de los medios de la consejería afectada o de si dispone de lugares adecuados para ello.

ANÁLISIS
La mitad de los casos se produce por negligencia
- ¿Cuáles son los tipo de de maltrato detectados más habituales?
– La mitad de los casos detectados son por negligencia de los padres, que puede ser física (alimentación, higiene protección, vigilancia para evitar riesgos y lesiones), emocional (falta de afecto, seguridad o soporte emocional), educativa (escolarización) o médica (rehusar o demorar tratamientos con consecuencias en la salud del niño).
En 2º lugar, está el maltrato psicológico (27 %), seguido del maltrato físico (11 %) y sexual (6 %).

- ¿Qué factores de riesgo existen?
–Asociados a los padres está el déficit mental, inestabilidad emocional, problemas psicosomáticos, adicción a drogas, delincuencia, prostitución o falta de autocontrol.
En cuanto a los niños, los más comunes son las discapacidades, enfermedades crónicas, hiperactividad o prematuridad.

- ¿Cuáles son los indicadores generales de maltrato?
–Señales físicas, falta de higiene, cansancio, apatía permanente, cambio de la conducta escolar, agresividad, reacciones hostiles, conducta sexual explícita e inadecuada, problemas de sociabilidad y poca motivación.

España: Hijas del maltrato...¿Hasta cuando .....?

España: Hijas del maltrato...¿Hasta cuando .....?

http://www.abc.es/20101024/espana/hijas-maltrato-201010230027.html
España: Son legión aunque nadie los cuente.
Niños que han crecido bajo el terror de su padre y el dolor de su madre

Cruz Morcillo. 24/10/2010.domingos de abc: Hijas del maltrato
"Me he pasado la vida buscándole moratones a mi madre, y una vez que los tuvo no me atreví a ir a la Policía. Si miro atrás, los sentimientos que aparecen siempre son impotencia y miedo, un miedo difuso a todo».
Begoña tiene 23 años. Hace 3 meses que salió de un centro de recuperación de víctimas de violencia de género en el que ha vivido año y medio.
Su madre sigue ahí, pero la terapia empieza a hacer efecto y ha vuelto a trabajar en una consejería tras un año de baja.

Begoña (nombre supuesto) es licenciada en Bellas Artes, da clases a niños y ha empezado un máster.
«Me recuerdo con 4 o 5 años escondida detrás de mi madre, nunca me quería quedar sola con él. No sabía cómo podía reaccionar. Veía cómo ayudaba a cruzar la calle a un señor, era tan amable con todos los vecinos, tan simpático con los niños... y en casa se convertía en un monstruo que gritaba y daba patadas a todo sin saber por qué. Los oía discutir en el dormitorio cada noche y no entendía a mi madre, no comprendía por qué teníamos que seguir en esa casa».

Judith tiene 18 años y vivió la violencia de género en su casa cuando era una niña.
Las emociones que tenía en esos momentos eran soledad y miedo hacia la persona que en esos momentos me dañaba a mí o a mi madre y también hacia la gente en general porque no tenía seguridad en ningún lado.
Para mí la seguridad era mi habítación cuando estaba sola, ese era mi mundo.

En el video, que Save The Children ha realizado junto con la Fundación IReS y el Ministerio de Igualdad, escuchamos en primera persona los testimonios de madres y niños y niñas víctimas de la violencia de género.
Son historias que ponen voz a una realidad que afecta a 800.000 niños y niñas en España, 200.000 de los cuales son hijos e hijas de mujeres que han recibido órdenes de protección.
Se estima tan sólo el 4 % reciben atención especializada.

No lo entendía ella ni lo asumen los 800.000 menores, según las estimaciones del extinto Ministerio de Igualdad, que son testigos o sufren en sus carnes los malos tratos paternos.
Son las víctimas invisibles, los grandes olvidados de una ley contra la violencia de género que se ha volcado con las mujeres y ha orillado a los niños.
«La exposición a la violencia de género, cualquiera que sea la edad de los niños que la padecen, se ha demostrado causante de efectos negativos en la infancia:
1.-problemas físicos (retraso en el crecimiento, alteraciones en el sueño y alimentación, disminución de habilidades motoras...),
2.-graves alteraciones emocionales (ansiedad, ira, depresión, baja autoestima...), ciertos problemas cognitivos (retraso en el lenguaje, menor rendimiento escolar),
3.-numerosos problemas de conducta (escasas habilidades sociales, agresividad, inmadurez...)», apunta la pediatra Lola Aguilar Redorta, experta en violencia de género, en «Hijos e hijas de la violencia», uno de los escasos estudios sobre la cuestión elaborado por la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas.

«Yo no sé lo que es un padre -continúa Begoña con voz firme-, pero cuando iba a casa de mis amigos a un cumpleaños, por ejemplo, veía que eran distintos al mío y sabía que algo no funcionaba. Jamás les vi cogerse de la mano o darse un beso. ¿Por qué me tienen que despertar por las noches con sus peleas?, me preguntaba, y eso que mi madre siempre intentó mantenerme al margen. Pero es que yo me recuerdo en alerta, atenta a todo, procurando las dos que no se enfadara ni le molestara nada».

Según la Fundación IRES y Save the Children, unos 200.000 niños están amparados por órdenes de protección como sus madres, pero menos del 4 % reciben atención especializada.
«Los hijos son un paquete que va con la madre, una maleta. Casi no existen recursos específicos para ellos», denuncia Yolanda Román, responsable de Incidencia Política de Save the Children.

Esta ONG se ha volcado en los hijos de los malos tratos.
Ya realizó un estudio específico, con un completísimo trabajo de campo, en el que se concluye que:
a.- «el sistema de protección de la mujer no contempla a los niños como víctimas de la violencia de género»;
b.- los recursos están descoordinados y son insuficientes;
c.- no existen datos cruzados y no son tratados como sujetos de derechos.

Ni de derechos ni en muchos casos de protección: solo este año más de una decena de niños han sido asesinados por su padre en episodios de violencia en lo que ellos creían su hogar, y así año tras año.
Ni siquiera hay estadísticas fiables para unos muertos que no parecen contar para nadie.
Otra treintena se han quedado huérfanos de madre y el asesino ha sido su padre.
Son los hijos de las 57 mujeres enterradas en 10 meses, una cifra insoportable a la que se siguen buscando pretextos.

Un día Begoña, ya adolescente, llegó muy tarde a una cita con un amigo.
«Es que mi padre ha cerrado con llave y se ha puesto en la puerta para que no saliera», se excusó.
«Mi amigo me preguntó qué había hecho y le expliqué con la mayor naturalidad que él a veces se cabreaba y solía comportarse así. Creo que fue la primera vez que hablé de lo que me pasaba».
«En sus relatos o en sus dibujos siempre aparece el miedo, pero no solo el miedo al padre, sino a cualquiera; a otros hombres, a la gente con la que se cruzan por la calle, a veces a los profesores, porque su territorio natural es ese: crecer en el miedo y la inseguridad, en la anulación. Su mundo se tambalea continuamente y no hay referentes a los que agarrarse», desgrana Yolanda Román.

«Siempre he tenido miedo por mi madre porque cuando a él se le iba la olla nunca sabías por dónde podía salir. Una noche oí un golpe tremendo, estaba agotada a la vuelta de una excursión y pensé: la ha matado, pero en lugar de levantarme y enfrentarme a él me hice un ovillo en la cama, aterrada, y me dormí. Me costó años quitarme la culpa. Esa noche ella había sufrido una bajada de tensión y se había desplomado contra la cómoda, pero... ¿y si la hubiera intentado asesinar?» ¿¿¿¿¿???????

Begoña, como tantos, ha crecido rodeada de gritos y de silencio, juntos en la misma habitación.
El silencio de la culpa. «Te encuentras con que el primer temor es a hablar. La ley del silencio. Cuesta que se enganchen y confíen en ti, que entiendan que vas a respetarlos.
Se sienten culpables, saben que hay algo que no les gusta y saben por el colegio, la tele, los dibujos, que hay otro tipo de padres.
No comprenden por qué el suyo es diferente.
Viven con el miedo a decepcionar a mamá o a que a mamá le pase algo.

Y ellas, las madres, llegan tan destrozadas al centro que ni se dan cuenta de lo que han sufrido sus hijos hasta que pasa el tiempo.
A veces es el pretexto que se ponen a sí mismas para no dar el paso», analiza la psicóloga Marta Ramos, experta en género y familia que lleva años trabajando en centros de recuperación.

Begoña se cansó, como se cansan todos, y se marchó de casa en cuanto fue mayor de edad.
«No podía estudiar, era imposible concentrarse en ese infierno. Mientras yo estaba allí, todavía se contenía, pero cuando me fui se desató la fiera. Cada vez bebía más, salía más y empezó a discutir con todo el mundo».
Las primeras Navidades que volvió a pasar unos días fueron insoportables.
Convenció a su madre y se fueron con lo puesto, poco después, y hasta hoy.
Aún tardaron 4 meses en denunciar al padre y marido, pero un juez les concedió una orden de alejamiento de 1 km y la vivienda familiar, en el extrarradio de Madrid, a la que no han vuelto.

Un cuchillo en la cara
«1º rajó la puerta de mi cuarto y luego la del piso, y ha inutilizado 2 veces la cerradura. Creo que no vamos a volver a vivir allí».
A él -ni nombrarlo quiere- le espera un juicio penal por intento de asesinato.
«Es que no nos pegaba, pero su entretenimiento favorito era ponerle un cuchillo a mi madre en la cara o apretarle el cuello hasta que no podía respirar».

La ya profesora sonríe después de mucho tiempo.
Empezó la entrevista reticente, diciendo que no quería contar episodios de su vida, solo sensaciones, y la acabó confesando cuál fue el día más difícil de sus veintipocos años:
«Llegué al Juzgado y me preguntaron: ¿viene a declarar contra su padre, no? Yo sabía que iba a eso, pero empecé a tartamudear y no me salía la voz del cuerpo. Era mi padre al que yo tenía que denunciar y contar a unos desconocidos que en realidad era un monstruo».

Ya no se comporta así, pero ella, como todas las víctimas, ingresó en el centro agitada, irascible. «Viven en un entorno amenazante y todo el día están nerviosos o en alerta, a veces también agresivos. Es lo que han visto. Los niños son víctimas en estado puro», reitera la psicóloga Marta Ramos.
Algunos repiten el patrón aprendido.
«Mi hijo de 5 años me llamaba puta porque así se dirigía su padre a mí», cuenta una mujer maltratada en el estudio de Save the Children.
Y otra añade que su niña de 7 años la trataba con el mismo desprecio que su ex marido, mientras la rabia le aparecía en los ojos.

Los expertos no tienen claro a qué edad el niño se resiente más.
«El impacto de la violencia depende de la capacidad de resiliencia», sostiene Ramos.
Es decir, de los factores innatos de cada cual para lidiar con la vida y afrontar situaciones complejas. A mayor capacidad, menor impacto se sufre; al menos sobre el papel.

Hablar con Soledad, a secas, sin apellido, es como saltar sin red.
El vértigo, la angustia y la desesperación que ella debió de sufrir tantas noches se pegan como una costra a su interlocutor. Hoy tiene 34 años y es abogada, viuda y madre.
Su pesadilla comenzó cuando tenía 13 y aún no sabe si ha acabado.
20 años después continúa tomando medicación; bien es cierto que la vida ha seguido vapuleándola por razones distintas.
Ella es la víctima de un conjunto, la 1ª de 3 hermanas que sufrieron el espanto en estado puro: los malos tratos, la humillación, la vejación y los abusos sexuales que les infligió su propio padre y que su madre, víctima de malos tratos, desconocía.
Él lleva 10 años en prisión y le quedan otros 9 de condena.

«Eres una desgraciada»
«Hay una imagen. Cuando tenía 5 años me dejó en la carretera y arrancó el coche para darme una lección porque no había querido comer unas chuletas de cordero. “Eres una desgraciada si desprecias un manjar”, me dijo».
La niña sabía que no todos los días había carne en la mesa, ni siquiera comida pero solo tenía 5 años. «A nosotras nos llamaba “la mierda de las crías”, “estoy harto de mantener un censo”, nos recriminaba».

Soledad y sus 2 hermanas siguientes se llevan 5 años; la 4ª era más pequeña y fue la única que se salvó de los abusos.
La 2ª, hoy periodista, enfermó de pena y de rabia y le contó a su madre lo que ocurría.
La mayor, que ya estudiaba Derecho, ni siquiera entonces, al descubrir que el monstruo había actuado igual con todas quería denunciarlo.
«Yo no sé si existe el síndrome de Estocolomo, solo recuerdo que mi aspiración era morirme y que acabara todo».

«Nuestro modelo vital lo construimos con figuras de apego –que no solo son los padres, puede ser un amigo, un profesor, un cuidador, un terapeuta, alguien que se preocupa por ti y se convierte en un referente-. Si no existe, el mundo se desmorona», explica la psicóloga Ramos.

Es la 2ª vez en 8 años que hablamos con Soledad.
El tiempo ha cumplido su papel y ha restañado muchas heridas, pero todavía demasiadas siguen supurando.
«Mi pasado me persigue. Me sigue afectando sexual y psicológicamente. Nunca seré una persona normal. Una persona normal tiene amigos del colegio, del barrio, de la Facultad. Yo no tengo a nadie porque no podía relacionarme con nadie».
El padre, imbuido de cualquier papel salvo el que le correspondía, instauró en esa casa el reino del terror y de la guerra psicológica: desde la madre hasta la última niña.
A veces, vivían todas contra todas, sin saber que la otra atravesaba idéntico desierto.

«El padre sigue maltratando a la madre a través de los hijos, a la vez maltrata a estos con la manipulación, les da información que no tendrían que recibir, y el modelo de descontrol y agresivo siguen viéndolo», señala uno de los programas de atención a niños víctimas.

Hay quien afirma que 1/3 de los maltratadores son también violentos con sus hijos e hijas, pero es mera especulación. Tampoco en esta estadística reinan las certezas.
Sí existe acuerdo en que difícilmente una mujer deshecha que no puede protegerse a sí misma, puede cuidar de su prole.
La de Soledad podría escribir un guión sobre ese punto de partida.
Podía salir una vez a la semana a comprar, nada de llevar a las crías al parque o hablar con las vecinas.

Anacoreta y criada, madre y esposa para lo que tocara, ese era su único papel.
«Cuando estaba embarazada soñaba que bajaba a la calle y ahí estaba él esperándome. Yo le decía a mi hijo, que no había nacido, que corriera rápido y no se le acercara, pero el niño no me oía», recuerda Soledad mientras se enciende un cigarro.
«Pienso que nos va a buscar cuando salga de la cárcel. Cuando lo metieron nos escribía para contarnos lo mal que estaba y recriminarnos lo que habíamos hecho. Él lo veía normal».

Parece mentira que en una década se haya avanzado tanto en algunos aspectos (órdenes de protección, denuncias, centros, juzgados...) que, sin embargo, no logran evitar los asesinatos machistas y, mientras, los niños sigan ocultos, sin voz.
Son testigos o víctimas involuntarios; los que oyen los gritos y perciben el dolor.
El eslabón más débil sobre el que actúa el «delincuente permanente» que es el maltratador, un tipo que lo hace por convicción y no busca rehabilitarse ni redimirse.

La cama de esos críos es con frecuencia el refugio buscado por su madre para huir del padre.
Si no se les atiende, si no les ayudamos son unos serios candidatos a convertirse en maltratadores, aunque no siempre.
Algunos expertos sostienen que el 80 % de maltratadores fue testigo o víctima de los golpes y la humillación en su niñez, aunque este es otro dato poco empírico.

«No es lógico que trabajemos con un modelo de familia y seamos incapaces de proporcionar una respuesta social y legal para proteger a un niño», concluye la psicóloga Ramos.
Algo o mucho está fallando.
Si hace una década llegó el momento de empezar a dar cobijo a las mujeres, hoy es la hora de cuidar a sus hijos.